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  • 3I/ATLAS: La física de partículas de polvo "imposibles" mucho más grandes

    25 dic 2025by Daniel Wood

    Opinión | What Then Studio

    3I/ATLAS: The Physics of "Impossible" Dust Particles that Are Much Bigger - What Then Studio

    Descripción general

    El objeto interestelar 3I/ATLAS exhibe actualmente un comportamiento que desafía la física cometaria estándar. Según un nuevo análisis del astrónomo de Harvard Avi Loeb, la "anticola" del objeto, orientada hacia el Sol, se extiende 400.000 km, una hazaña imposible de lograr para el polvo cometario submicrónico estándar frente a la presión de la radiación solar. Los cálculos de Loeb sugieren que las partículas deben ser anómalamente grandes (1-100 micras), pero de alguna manera se han acelerado a altas velocidades, una combinación difícil de explicar con la sublimación del gas natural. Este hallazgo abre la puerta a interpretaciones "exóticas", incluyendo la posibilidad de que el objeto no sea un cometa natural, sino potencialmente artificial.

    Preguntas frecuentes

    1. ¿Qué es la “anti-cola” de 3I/ATLAS?

    La anticola es un chorro de material estrechamente colimado que se extiende aproximadamente 400.000 kilómetros desde el objeto directamente hacia el Sol. Esto es muy inusual porque la presión de la radiación solar generalmente empuja el material lejos del Sol, formando una cola en la dirección opuesta.

    2. ¿Por qué Avi Loeb piensa que 3I/ATLAS es anómalo?

    Loeb argumenta que para que el chorro persista frente a la luz solar, las partículas deben ser grandes (superiores a una micra). Sin embargo, la resistencia natural del gas cometario dificulta la aceleración de partículas tan pesadas a las velocidades observadas. Esta contradicción sugiere que el objeto no se comporta como un cometa estándar.

    3. ¿Podría ser artificial el 3I/ATLAS?

    Si bien no está confirmado, Loeb señala que las restricciones físicas que impiden que un cometa natural forme esta cola no se aplican a "fuentes exóticas", como los gases de escape de un cohete, que pueden expulsar partículas a velocidades arbitrarias independientemente de su tamaño.

    4. ¿Qué tamaño tienen las partículas que se desprenden?

    Según los cálculos, las partículas deben tener entre 1 y 100 micras. Esto es significativamente mayor que el humo o polvo fino submicrónico que predomina en el brillo de los cometas típicos del sistema solar.

    5. ¿Cuál es la importancia del cálculo del "tiempo de arrastre"?

    El "tiempo de arrastre" es el tiempo que tarda el gas saliente en impulsar una partícula hasta alcanzar su velocidad. Loeb demuestra que, para partículas lo suficientemente grandes como para sobrevivir al viaje hacia el Sol, el tiempo de arrastre es demasiado largo: el gas se dispersa antes de poder impulsarlas con la suficiente velocidad, lo que dificulta explicar su origen natural.

    Justo cuando creíamos comprender la mecánica de nuestro sistema solar, el objeto interestelar 3I/ATLAS ha decidido tirar por la borda las reglas. En un nuevo análisis publicado el día de Navidad, el astrónomo de Harvard Avi Loeb destaca una flagrante anomalía en el comportamiento del objeto, concretamente en su masiva "anticola" orientada hacia el Sol. Si los cálculos de Loeb son ciertos, nos encontramos ante un objeto que está perdiendo material de una forma que los cometas naturales simplemente no deberían poder hacer. En WhatThenStudio, creemos que esto cambia la cuestión de la "curiosidad" a la "potencial prueba irrefutable".

    El chorro imposible apuntando al sol

    La mayoría de nosotros sabemos cómo funcionan los cometas: se acercan al Sol, el hielo se calienta y una cola de polvo y gas es expulsada de la estrella por la incesante presión de la luz solar (radiación solar). Es física básica. Sin embargo, imágenes recientes de 3I/ATLAS revelan un chorro estrechamente colimado que se extiende al menos 400.000 kilómetros hacia el Sol.

    Aquí es donde las matemáticas se complican. La luz solar ejerce presión. Para que una partícula viaje 400.000 km contra esa presión, necesita ser lanzada con un impulso increíble. Si las partículas fueran el típico polvo submicrónico presente en los cometas normales (piense en el humo de un cigarrillo), el Sol las detendría casi al instante. Simplemente no tienen la masa suficiente para contrarrestar el viento solar.

    La paradoja de la física: rocas, no polvo

    El análisis de Loeb impone restricciones estrictas sobre la composición de este material. Para atravesar la presión de la radiación solar y alcanzar la distancia observada, las partículas deben ser significativamente más grandes que el polvo estándar; en concreto, necesitan un radio superior a una micra. Esto garantiza que tengan suficiente masa en relación con su superficie para evitar ser expulsadas de inmediato.

    Así que, 3I/ATLAS no desprende polvo; desprende algo parecido a arena gruesa o granos pesados. Esto por sí solo lo convierte en una anomalía. En los cometas conocidos, el brillo visible está dominado por diminutas partículas que dispersan la luz solar eficientemente. Aquí, el brillo está dominado por "rocas" (en términos relativos).

    El problema del arrastre: ¿demasiado pesado para volar?

    Aquí está el dilema: si bien las partículas deben ser grandes para combatir la luz solar, deben ser pequeñas para ser desplazadas por el gas del cometa. En un cometa natural, el polvo es arrastrado de la superficie por el hielo (gas) en sublimación. Loeb calcula que si estas partículas son lo suficientemente grandes como para sobrevivir al viaje hacia el sol, son demasiado pesadas para que el gas las acelere a las velocidades requeridas.

    El "tiempo de arrastre" (el tiempo que tarda el gas en impulsar la partícula hasta alcanzar su velocidad) superaría el tiempo que tarda el gas en disiparse en el espacio. Como señala Loeb, para partículas submicrónicas, la velocidad requerida es insostenible. Para partículas más grandes, el gas simplemente no puede impulsarlas lo suficientemente rápido antes de que se diluya.

    Límites naturales vs. fuentes exóticas

    Esto nos lleva a la parte más provocativa de los hallazgos. Las restricciones que Loeb deriva —las partículas deben ser >1 micrón para combatir el sol, pero <100 micrón para ser arrastradas por el gas— crean una ventana muy estrecha, casi imposible, para un objeto natural.

    Sin embargo, Loeb afirma explícitamente que estos requisitos solo se aplican a un cometa natural donde la anticola proviene del hielo sublimado. Si el mecanismo de origen es diferente, las reglas cambian.

    La hipótesis del cohete

    En una advertencia sutil pero crucial, Loeb señala que una "fuente exótica", como el escape de un cohete, no estaría sujeta a estos límites de resistencia. Un sistema de propulsión artificial podría dotar a las partículas y al gas de una "velocidad de eyección arbitraria", independientemente de su tamaño.

    Esto sugiere que si 3I/ATLAS es artificial, la anticola podría no ser una cola en absoluto, sino una columna de gases de escape. Esto explicaría claramente por qué el material se mueve tan rápido y está tan estrechamente colimado (dentro de un cono de 8 grados) en una dirección que desafía la mecánica natural de la presión solar.

    Nuestra opinión subjetiva: por qué esto importa

    Intentamos mantener los pies en la tierra, pero cada vez resulta más difícil descartar 3I/ATLAS como "una roca más". Cuando hay que retorcer la física de la difusión cometaria para explicar por qué el polvo "pesado" vuela en la dirección equivocada a velocidades imposibles, quizá sea el momento de considerar la alternativa.

    El análisis de Loeb es una forma cortés y matemática de decir: «Esto no parece natural». Si el objeto desprende partículas demasiado grandes como para que la luz solar las detenga y demasiado pesadas como para que el gas las empuje, ¿qué las impulsa? La teoría del «cohete» ya no es solo una especulación de ciencia ficción; se está convirtiendo en una solución válida para una ecuación física que, de otro modo, no estaría equilibrada.

    ¿Qué pasa después?

    El siguiente paso es la espectroscopia. Loeb sugiere que una medición directa del desplazamiento Doppler del chorro solar con respecto al núcleo podría proporcionarnos la velocidad precisa de estas partículas. Si dicha velocidad confirma las altas velocidades calculadas en este artículo, la hipótesis del "cometa natural" se mantendrá en soporte vital.

    Hasta entonces, 3I/ATLAS sigue siendo el misterio más intrigante del cielo. Estaremos atentos a los datos Doppler, porque si ese chorro se mueve a una velocidad superior a la que el hielo puede impulsarlo, no estamos solos. Fuente: 3I/ATLAS libera partículas mucho más grandes que el polvo común que dispersa la luz solar.


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